sábado, 3 de septiembre de 2016

Epílogo.

Años después...

Carina entraba riendo, abrazada a Pía y Polo, quienes también reían y la abrazaban.
- Se van a bañar.- ordenó dejando su cartera en el sofá.
- No, mamá.- se quejó. - Me bañé esta mañana, antes de ir al colegio. No me quiero bañar otra vez.
- ¡Sucio!- lo retaron las dos, riendo.
- Sigo limpio.- dijo levantando su brazo, oliendo su axila.
- Sos igual a papá.- haciendo una mueca de asco.
- Tampoco para tanto.- lo defendió. - No sé a quien salió tan sucio este.- le revolvió el pelo. - Arriba, los dos a bañarse, vamos.- ordenó aplaudiendo mientras contaba. Cuando ya no los vio, corrió a la cocina. - Decime que hiciste lo que te pedí.- juntó sus manos, y sus ojos brillaron al ver la torta de chocolate que él dejó en la mesa.
- ¿No será esto un antojo, señora?- preguntó divertida.
- Es para lo chicos.- puso los ojos en blanco. - Por algo te pedí que hicieras su favorita.
- Qué casualidad que también sea la tuya.- dijo riendo.
- Disculpen.- interrumpió su conversación.
- ¿Sí, Vale?
- En la entrada la espera una chica, Señora Estevanez.
- ¿Un chica?- frunció el ceño.
- Sí, dijo que era una amiga.
- ¿Cómo no vas a preguntar quien es antes de dejarla pasar, Valeria?- la retó Emilio.
- Bueno, che, tampoco para tanto.- le dijo Carina, riendo.
- Disculpe, señora.
- No pasa nada, Vale. Andá a decirle a esa amiga que ya voy, por favor.- ella asintió y salió. - ¡Te dije que no le hables así!
- No le hablé mal.- puso los ojos en blanco. - Ya lleva tres meses trabajando acá y no aprende.
- Bueno tranquilo, ya va a aprender.- rió. - ¿Quien será esa amiga?- se preguntó en voz alta.
- Andá a ver.- rió él.
- ¡Valentina llegó!- se dio cuenta, y salió corriendo. Al llegar a la sala, su sonrisa de fue. - ¿Vos?
- ¿La conocés?- preguntó Pía.
- Ya ves que sí. Andá a seguir con tu trabajo, mocosa insolente.
- ¿Perdón?- levantó una ceja.
- Carina, ¿cómo puede ser que le des tantos atrevimientos al personal?- Pía rió algo sorprendida; de verdad parecía una empleada.
- Punto número uno: la insolente en este caso, serías vos en tratarla así.- le dijo enojada. - Punto número dos: ¿de verdad creés que contrataría a una menor?- sin poder creer que la creyera capaz de eso. - Y punto número tres: Pía no es una empleada, y deberías de tratarla mejor, ella es más millonaria que vos y yo juntas. Si la tratas mejor tal vez podrías ser su amiga por interés.- sabiendo que ella era capaz. Pía era una de las herederas de la fortuna de Sebastián y Carina, la fortuna que tenían juntos, y la de cada uno por separado. Carina tenía plata, pero todo junto de muchísimo más. Melissa palideció. Pía le sonrió, levantando una ceja. - Hija, andá a ducharte y cambiarte, ya ves que con ropa normal te confunden con el personal.- ella asintió y salió de ahí.
- ¿Es tu hija?- preguntó sorprendida. "¿Cómo no me di cuenta?, si es igual a ella", pensó.
- Sí.
- Perdón, por lo mal vestida que estaba creí que era una empleada.- se disculpó.
- Si estaba así vestida era porque recién llega de actuar en una obra de teatro en el colegio.- se cruzó de brazos. - La ropa no define la clase social. Y deberías de respetar a todos, no sólo a los de clase alta.- Melissa suspiró, apretando los dientes. - ¿Qué hacés acá?- algo de miedo le recorrió el cuerpo al verla, pero enseguida lo olvidó. La última vez que la había visto, terminó llorando asustada. Pero después de todo, estaba bien, ella no la volvería a molestar, ya no se atrevería, no lo iba a permitir.
- Quería hablar con vos.- la miraba a la cara, sintiendo envidia. Ya no era esa chica estúpida, con inseguridad en sus ojos, que vestía y se portaba como adolescente; ahora era toda una mujer, una señora, que lo único que derrochaba era seguridad y belleza. Vestía de forma seria, elegante, pero no por eso menos alegre; vestía como la empresaria que sabía era. Mantenía la frente en alto, y se paraba derecha; definitivamente era más segura. Carina suspiró, mirándola de arriba abajo; ella seguía siendo la misma: cara de víbora, con una mirada que derrochaba veneno.
- Sentate.- señaló el sofá. - ¿Querés tomar algo?- ofreció amable.
- No.- se sentó. "No aprendió a decir gracias", notó negando con la cabeza. Se sentó enfrente.
- Te escucho.
- Vine a... Pedirte un favor.- dijo algo avergonzada, pero sin mostrarlo.
- ¿Un favor?- dijo divertida. No podía creer que se atreviera. - ¿Qué favor?
- Mirá... Mi mamá se estaba por casar con un hombre, y yo...- Carina se puso seria.
- ¿Qué hiciste, Melissa?
- Ese hombre es 10 años más chico que ella, y cuando yo lo conocí...
- ¿Te parece robarle el marido a tu mamá?- negó mirando a otro lado. Era increíble.
- No es así.- suspiró. - Nos enamoramos, así como vos te enamoraste de Sebastián y él de vos.
- No sabía que tu mamá se estaba por casar, y menos con un hombre 10 años menor.- no se había enterado de eso. La familia mantenía contacto con la madre de Melissa, Carina se sorprendió al ver que era muy amable y educada; era completamente lo contrario a su hija.
- Es que todo pasó muy rápido. Tal vez la única que se enteró fue Monica.- Carina asintió, seguro era así.
- Bueno, ¿y yo qué tengo que ver?
- Cuando le contamos a mi mamá, nos echó. Se enojó mucho conmigo y con él. Me echaron de mí trabajo hace un mes, y él trabajaba para mi madre, así que también lo echó. Lo poco que nos quedaba lo gastamos en venir acá, y en el hotel que nos quedamos.
- Al grano, Melissa.
- Necesito que nos presten dinero, ¿okey?- dijo rápidamente. Carina asintió.
- ¿Por qué debería de hacer eso?- ella suspiró.
- Yo sé que todo quedó mal entre nosotros, sé que me porté muy mal con vos y con Sebastián. Pero estoy arrepentida, mi mamá en todos estos años me hizo ver lo mal que estuve, y de verdad me arrepiento. Estoy enamorada, y ahora sé lo que se siente perder a alguien que amas tanto; perdí a mi mamá por esto, y si perdiera a mi novio me muero.- Carina de verdad la veía arrepentida, tanto que por un momento sintió lástima. - Perdón, de verdad te pido perdón, de todo corazón.
- Te perdono, te perdoné hace tiempo, y estoy segura de que Sebastián también.- le dijo para dejarla tranquila, asintiendo.
- ¿Eso quiere decir que nos vas a prestar lo que necesitamos?. Son los únicos que conocemos que podrían ayudarnos, es sólo hasta que podamos instalarnos y conseguir trabajo, se lo vamos a devolver.- Carina lo pensaba, sin dejar de mirarla. - Y también quería pedirte por favor, que convenzas a Sebastián de dejar que nos quedemos en Argentina.
- Eso no es necesario, nosotros no somos dueños del país.- si Sebastián lo creía así, no estaba de acuerdo.
- ¿Entonces?
- Mirá, si fuera por mí ya te firmo un cheque con la cantidad que necesites, pero antes debo consultarlo con Sebastián.
- ¿No tenés tu propia plata?- sabía que Sebastián iba a decir que no, por eso acudió directamente a ella.
- Sí, pero ese tipo de decisiones las tomo con él.- la voz de Polo las interrumpió.
- Mamá, dice papá que necesita que vayas a la empresa.- apareció tapando el micrófono del celular con la mano.
- ¿Para?- lo miró.
- Dice que está nervioso por la reunión y necesita tu beso de buena suerte.- puso los ojos en blanco. Ella sonrió. - Y dice que Ángel está muy inquieto y lo pone más nervioso.
- Decile que le diga a Lola que lo traiga.- rió. Por eso les dijo que no cuando insistieron que lo acompañe a la empresa después de la obra, ella sabía que no se iba a quedar quieto.
- ¿La escuchaste?- dijo al teléfono. Asintió poniendo los ojos en blanco al escuchar su respuesta. - Dice que te necesita igual, ya, ahora.- Carina suspiró y se levantó.
- Pasame.- estiró la mano y él le dio el celular. - ¿Mi amor?- dijo al celular, saliendo de la sala para tener más privacidad.
- Así que vos sos el otro mellizo.- notó con una sonrisa. Era igual a Sebastián.
- Me gusta que me llamen Polo.- dijo sarcástico, asintiendo.
- Perdón, Polo, no sabía tu nombre.- rió. "Por favor, que él también haya actuado en esa obra", pensó mirando cómo estaba vestido.
- ¿Vos sos?- se acercó y estiró su mano hacia ella.
 Carina volvió dos minutos después.
- Tomá hijo, y te dije que te vayas a bañar.- le dijo fingiendo seriedad.
- Ya voy.- puso los ojos en blanco. - Vos y papá nos dijeron que vos fuiste su primer y única novia.
- Así es.- sin entender porqué salía con eso.
- Ella me dijo que fue su novia.- la señaló. Carina la miró levantando una ceja.
- Ella quiso ser su novia, pero no pudo.- lo volvió a mirar. Polo vio que Melissa bajaba la mirada, y largó la carcajada; amaba cuando se ponía celosa y mataba la gente con palabras o miradas.
- Okey, mamá.
- Andá a bañarte. Yo me voy a la empresa.- dijo tomando su bolso. - En la cocina hay una torta que les hizo Emilio a modo de felicitación por su trabajo en la obra, estuvieron estupendos.- apretó su mejilla y él se quejó. - No se coman todo, ¿okey?, y avisale a Pía. Pero primero te vas a bañar.
- ¿Comer o bañarme?- hizo cara pensativa. - Qué difícil decisión.
- Polo...
- El estomago es primero, mamá.- corrió a la cocina. Ella puso los ojos en blanco. Melissa se levantó, sabiendo que tenía que irse.
- Voy a hablar con Sebastián después de su reunión, no te prometo nada, de todas maneras después te llamo. Mientras tanto, podrías ser un poco más educada. Estoy segura de que tu mamá te educó lo suficientemente bien. Deberías de empezar a decir gracias, y por favor, deberías de pedir perdón sin sentir vergüenza, no es nada malo. Empezá a ser un poco más amable con todos, todos merecemos respeto. Dejá de creerte mejor, dejá de creerte más, porque somos todos iguales; vos no vales ni más ni menos que nadie. Y con la mentira no se llega a ningún lado, ¿la novia, en serio?
- Yo llegué a considerarlo eso.- bajó la mirada.
- Bueno pero él no.- ni siquiera habían pasado de un solo beso. - De todas maneras eso no me importa. Volviendo al tema, sé amable y educada con todos, porque algún día te vas a cruzar con alguien que no esté dispuesto a soportar tus maltratos y te va a tratar igual o peor, y no creo que eso te guste.- ella negó.
- Perdón. Te juro que lo sé, y que estoy intentando cambiar.- Carina asintió.
- Eso espero.- suspiró. - Bueno, yo después te llamo.- señaló la puerta.
- Gracias.- caminó con ella a la salida.

***

- Te dije que iba a salir todo bien.- lo abrazó sonriendo. - Felicitaciones, mi amor.- le dio un beso.
- Sí, gracias.- sonrió feliz. - Ahora sí, podemos ir a festejar con los chicos.- dijo tomando sus cosas.
- Los chicos dijeron que preferían festejar a la noche.- se acercó. - Quiero hablar con vos.
- ¿De qué?- se puso serio al verla seria.
- Melissa volvió.- él frunció el ceño, enojado.
- ¿Qué?, ¿te hizo algo?. Me las va a apagar.- dijo sacando su celular del bolsillo.
- No, no, no.- rió para tranquilizarlo. - Mi amor, está todo bien.
- No entiendo. ¿La viste?, ¿habló con vos?
- Sí, hablamos.- asintió. - Y por eso quiero hablar con vos.- hizo que se siente en el sofá de su oficina, y se sentó en su falda. Empezó a contarle todo, mientras acariciaba su mejilla, y la mano con la otra mano, para mantenerlo tranquilo. - Y me parece que está bien ayudarla.
- No tenés que ayudar a todo el mundo, Carina.- rió. Eso lo hacía sentir orgulloso. - Y menos a ella, no lo merece.
- Todos merecen ayuda, por más mal que se hayan portado. Además, la vi muy arrepentida.
- Decime la verdad, no es por eso que la querés ayudar.- ella suspiró.
- No quiero que haya rencores entre nosotros. No quiero que ella sienta rencor hacia mí, y yo no quiero sentirlo, no me gusta.
- Me dijiste que ya no sentías rencor.
- Y yo creí que era así, pero algo adentro mío me dijo lo contrario cuando la vi. De todas maneras casi todo eso se fue cuando me pidió perdón, pero creo que hacer esto me va a dejar tranquila. Todos merecemos una segunda oportunidad.
- A mí ya me da igual su vida.- se encogió en hombros. - Así que lo que vos hagas me parece bien. Si eso te deja tranquila... Me parece bien.- ella sonrió y le dio un beso. - Igual, no pretendas que le de trabajo acá en la empresa.
- No pensaba darle trabajo acá.- negó riendo.
- ¿Entonces?- entrecerró los ojos.
- No sé.- dijo volviendo a reír. Su mano sobre su pierna le hizo cosquillas. Se acercó a su boca, y justo cuando iba a besarlo abrieron la puerta.
- Disculpen la interrupción, pero este chiquito no se queda quieto.- dijo entrando con él.
- Lola, teniendo un hijo de la misma edad, deberías de saber controlarlo.- le dijo Sebastián. Ella y Carina lo miraron levantando una ceja. - ¿Qué?
- Vos tampoco sabés controlarlo, así que no digas mucho.- rió y se levantó. - Vení, mi amor.- Ángel corrió hacia ella y le dio la mano. Lola salió.
- Quiero merendar.- le dijo mirando arriba. Ella con tacos altos, tenía casi el doble de altura que su hijo menor.
- Mamá y papá tienen que ir a un lugar, nos vas a acompañar con la condición de.- el nene de 7 años la interrumpió.
- Portarme bien.- puso los ojos en blanco. Carina rió.
- ¿Vamos?- le preguntó a Sebastián.
- ¿Tan rápido?- se levantó.
- Quiero terminar con este tema de una vez. Además, después tengo que ir a buscar a Pedro al jardín.
- Bueno, vamos.
- ¿Me llevas caballito?- preguntó su hijo.
- No, porque a Papá después.- no pudo terminar que vio como Sebastián se agachaba y se levantaba con su hijo a caballito. - No te quejes cuando te duela la espalda.- le dijo cruzada de brazos.
- ¿Cuando me quejé?- rió. - Vamos.- salieron.
 Carina llamó a Melissa y la citó en el bar de enfrente. Estaban merendando animadamente cuando llegó.
- Hijo, ¿vas a la barra a terminar?- le preguntó. - Tenemos que hablar con la señora.- la señaló. Él asintió, y ella llamó a uno de los mozos, que lo llevó con el dueño. Todos ahí los conocían, y Ángel era el consentido de la casa.
- Él salió igual a los dos.- comentó sentándose. Enseguida le habló a Sebastián y empezó a decirle lo arrepentida que estaba de todo, pidiendo perdón. Sebastián la miraba serio, demasiado. Carina enseguida le tomó la mano y la acarició con el pulgar, eso siempre lo calmaba.
- Vamos a ser rápidos.- sabiendo que si ella decía algo que a él no le gustaba, no le iba a importar nada, la mataba. - Estamos de acuerdo en ayudarte. Vamos a darte una casa que tenemos por acá cerca, y también un trabajo para que puedas mantenerte, y trabajo a tu novio también, por supuesto.
- ¿Una casa?- dijo sorprendida. - No esperaba tanto, gracias.- rió.
- No es tanto.- negó con una sonrisa. - Melissa no esperes una gran mansión como la que tenías antes. Es una casa común y corriente, cómoda y en buenas condiciones, nada más.- ella frunció el ceño.
- Por favor, no quieran humillarme.
- Jamás haríamos eso.- negó rápidamente. - Es una casa con una habitación, un baño, cocina comedor, y living. No creo que necesites más que eso. En realidad es un departamento, que vamos a poner a tu nombre.- ella asintió, tendría que conformarse. - No esperes lujo, porque si querés eso sí te va a costar.
- Con eso está bien.- asintió. - ¿Y el trabajo?
- Te vamos a dar ese departamento, con la condición de que vos y tu novio trabajen en nuestra fundación, supongo que sabés cuál es.
- Sí, algo sé.- asintió. Cuando se enteró de eso, le pareció algo ridículo. - ¿Pero qué haríamos nosotros ahí?
- Ayudar, como todos. Los detalles de tu trabajo los vas a hablar con mi secretaria, mañana temprano.- sacó y le dio las llaves. - Voy a poner el departamento a tu nombre cuando firmes un contrato que asegure que vas a trabajar para mí, en la fundación.- sabía que no le iba a gustar, y que no iba a ser seguro que trabaje ahí. - Como cualquier trabajo, vos y tu novio van a tener un buen sueldo, con el que estoy segura van a poder mantenerse muy bien.- Melissa asintió, mirando las llaves que dejó en la mesa. - Es la única ayuda que te vamos a dar, bajo nuestras condiciones. ¿Aceptas?
- Sí, gracias.- tomó las llaves. No le quedaba de otra.
- Mi secretaria los va a estar esperando mañana temprano en la fundación.- sacó y le dio una tarjeta donde estaba el teléfono y la dirección.
- Creí que era una fundación, no una empresa.- rió.
- Es una empresa.- asintió. - De la cuál toda la gente que ahí está es dueña, y ellos son los más beneficiados. Hay distintos sectores, que cuando estés ahí vas a ver. Te espera a las 8.- Melissa asintió y se levantó.
- Muchas gracias, y perdón, otra vez.
- De nada.- sonrió ella.
- Chau, Melissa.- le dijo Sebastián, quien había estado callado desde que ella llegó.
- Chau.- se fue. Ellos suspiraron.
- ¿Era necesario lo del trabajo?, no tenías que pagarle por un trabajo que gente solidaria y dispuesta a ayudar hace gratis.
- Sebastián no les dí cualquier trabajo, además, lamentablemente cada vez llegan menos personas dispuestas a ayudar.- dijo algo triste. - Necesitaba conseguir gente que ocupara esos puestos en la escuela, además, su sueldo va a ser casi como el que le pagabas en la empresa, no es un dineral.
- Aahh, ¿es en la escuela?- frunció el ceño.
 - Sí.- rió.
 Apenas dos años después de la inauguración de la fundación, inauguraron una escuela para los chicos que habían llegado ahí. Exactamente dos manzanas ocupaban. Una era la fundación que crearon en un principio, que era la casa de toda esa gente; y la otra era la escuela. El propósito de Carina al querer hacerla, era que quería que todos los chicos tengan la misma educación que sus propios hijos, la misma infancia y crianza. Los que llegaron desde muy chiquitos la consideraban una madre, las chicas que llegaban habiendo sufrido lo que ella una excelente amiga y ejemplo. Ella, esa fundación, fue simplemente la salvación de mucha gente. Con el pasar de los años, inauguró edificios en todo el país; "Todos merecemos amor", llegó a cada rincón, ayudando así a toda la gente que lo necesitara. Era increíble todo lo que Carina había logrado.
- Ya no pensemos en ella, ni en nada de lo que pasó. Este fue el cierre de esa horrible historia.
- La vas a ver muy seguido si trabaja ahí, ¿lo sabés, no?
- Lo sé. Y voy a hacer como si recién la conociera, hay que olvidar el pasado.- le acarició la cara y le dio un beso.
- ¿Estás en paz ahora?
- Sí.- dijo riendo.
- ¿Vamos a buscar a Pedro?- ella asintió.
- Y vamos a ver dónde festejamos esta noche.
- ¡Ángel!- lo llamó.

***

- Hola, mi amor.- lo tomó en brazos, sonriendo. - Hola bebé, ¿cómo estás?
- Supongo que te extrañó, no paraba de llorar.- dijo Vitto, riendo. - Además, no dejaba de decir mamá.
- ¿Ah sí?- lo miro divertida. El bebé de año y medio asintió, haciéndola reír. - Pía me dijo que vayas, está en el patio.- él sonrió y miró allá.
- Ah, y Vitto.- él la miró. - Creo que va a ser hora de que vayas hablando con Sebastián si prendes empezar algo con ella. El otro día los salvé, ¿cómo se van a estar besando en nuestra casa?- lo retó divertida. Su hija apenas tenía 16, y Vitto, el hermano del bebé, 17. Él llegó a la fundación con el bebé recién nacido, diciendo que su madre los abandonó y que los habían echado de la casa que ella alquilaba.
- Perdón.- bajó la mirada, algo avergonzado. - Todavía no somos novios, y cuando lo seamos, no sé.
- Cuando lo sean, van a tener mi apoyo, y a Sebastián no le va a quedar de otra más que aceptarlo. Así que nada de miedo, que él podrá ser celoso, pero no va a conseguir matarte.
- Quiero vivir muchos años.- dijo con algo de miedo.
- Lo sé. Andá con Pía.- rió. Él salió corriendo. - Qué tierno que es tu hermano.- le dijo al bebé. - Pero no más tierno que vos.- dándole besos en la mejilla.
 Empezó a caminar por el gran lugar, mirando cada pasillo, cada ventana; amando ese lugar que ya conocía de memoria. Siempre que iba se preguntaba cómo era posible que tanta gente tenga que recurrir a esos lugares. Era increíble, cuántos chicos eran abandonados por sus padres, o peor, a cuántos chicos los alejaban de sus padres porque eran maltratados, a cuántas chicas las echaban de sus casas por quedar embarazadas a temprana edad, y cuantas chicas sufrían abusos como los que pasó ella, cuánta gente que no tenía dónde vivir y no tenía para comer; cuánta gente que no tenía un hogar. Se sentía inmensamente feliz por poder ayudar a todos ellos, porque la dejaran ayudar.
- Cari.- habló alguien, haciendo que se de vuelta.
- Hola, Rocío.- saludó sonriente.
- La chica nueva...
- Decime que no, por favor.- esperaba que no crezca en la panza de una nena de tan solo 16 años, un hijo producto de un abuso sexual.
- Está embarazada.- asintió. Carina cerró los ojos; cosas como esa le dolían. - Necesitamos que hables con ella, estoy segura de que vos podes hacer que se sienta mejor. No para de llorar, y dice que lo quiere abortar como sea. Ni la psicóloga la pudo calmar, ya no sabemos qué hacer.
- Okey.- suspiró y miró al bebé que tenía en brazos. - ¿Te quedas con Ro?- le preguntó. Rocío rió; admiraba el amor que derrochaba esa mujer. Lo tomó en brazos y Carina se fue. Como siempre, pudo convencer a esa chica de que todo iba a estar bien, y de que el bebé no tenía la culpa.
- Cuando nazca, no tenés que criarlo vos, todos te vamos a ayudar. Va a crecer acá, y algún día una linda familia lo va a adoptar, como pasa con muchos. Aunque, estoy segura de que cuando nazca, lo vas a amar. Un hijo, venga de donde venga, siempre es una bendición. Estoy segura de que cuando lo veas, vas a olvidar cómo llegó a vos. Pensá que ese bebé, te va a amar sin importar nada, te va a alegrar la vida.- así la convenció de que tenerlo era lo mejor. Ella asintió y la abrazó. Más adelante verían juntas qué hacer. Todas las chicas que llegaban ahí embarazadas, planeando dar a sus hijos en adopción, terminaban queriéndolos, criandolos, amándolos. Ella no iba a ser una excepción. Una de las chicas entró, interrumpiendo ese abrazo.
- Damian se va.- le avisó.
- ¿Ya?- dijo triste. Eso era lo malo de querer ayudar; chicos que llegaban, con los que se encariñaba rápidamente, eran adoptados tarde o temprano. La chica asintió. - Bueno.- suspiró y miró a la nena, que ya había dejado de llorar. - Si querés hablar conmigo en algún momento, pedís que me llamen. Cualquier cosa que necesites, lo pedís, ¿okey?- ella asintió.
- Gracias por todo.
- De nada, hermosa.- le dio un último abrazo, un beso en la mejilla y salió. Era duro ver como una chica con la misma edad de su hija había sufrido tanto. Lo más duro fue despedirse de aquel nene de casi 6 años. La consolaba saber que tendría otra familia, una que lo amaría y lo cuidaría. - Cuando vengas a visitarnos, voy a traer a Pedro para que jueguen, ¿sí?- el nene asintió y la abrazó fuerte. Carina ya no pudo contener las lagrimas. - Portate bien y hacele caso a tus nuevos papis, ¿okey?
- Vos siempre vas a ser mi mamá preferida.- le dijo al oído, haciéndola reír. - Dale a Sebastián un abrazo de mi parte, y traelo también cuando yo venga.- Carina asintió.
- Cuidate mucho, te quiero.- le dio un beso en la mejilla.
- También te quiero.- la abrazó otra vez.
Lo vio irse, con el corazón roto. Y volvió adentro, a buscar a su bebé preferido; estar con él siempre la ponía feliz.

***

- ¿Quien les dio permiso para ir a esa fiesta?- preguntó Sebastián, de brazos cruzados.
- Yo.- le dijo Carina, riendo.
- ¿Les dio permiso?- miró a su hermano, levantando una ceja.
- Julia me dio una invitación a mí, sabiendo que si te daba una a vos con el nombre de las dos, borrarías el mío.- burlón. Pía entrecerró los ojos. - Esa chica gusta de mí.- agrandado.
- ¡Polo!- lo retó su madre. Sabía que en cualquier momento llegaba con novia, y que se vería obligada a cometer su primer delito.
- Ojo los dos, eh.- dijo Sebastián. - Polo cuidas a tu hermana.
- Papá.- puso los ojos en blanco.
- Papá nada, ¿con quienes vas?
- Con las chicas.- se cruzó de brazos.
- ¿Quienes?
- No te las voy a nombrar, son muchas. Interroga a Polo mejor.- lo señaló. Él se iba a la cocina, viendo el celular.
- De eso se encarga tu madre.- la señaló. Carina se levantó y fue con su hijo. Sebastián rió. - ¿Quienes van?- ella suspiró.
- Van...- dijo pensando. - Cami, Carla, Anto, Leo, Mela, Juli, Ruth, Sofi, MAJO, la otra Anto, y creo que Estef.
- A Majo no la conozco, ¿quien es?
- Cote, odia que le digan Majo.- dijo riendo.
- ¿Y por qué no sabes si Estefi va?
- Porque hace mucho no hablo con ella, creo que está secuestrada, o tal vez muerta.- bromeó. Sebastián largó la carcajada.
- Bueno ojo, eh.
- Voy con mis amigas.- puso los ojos en blanco.
- Por eso lo digo.- rió. Pía frunció el ceño y rió, era cierto. Se levantó y gritó.
- ¡Mamá, tengo que hablar con vos!- empezó a subir, y cuando entró a su habitación ella entró atrás.- Nosotros nos vamos y venimos después de las cinco, hablé con la abuela y le dije si podía cuidar a Ángel y Pedro así que...- Carina levantó una ceja, esperando. - Tienen la noche para garchar.- Carina sonrió. - ¡Mamá, no hablaba en serio!- le dijo horrorizada.
- ¿Y por qué lo dijiste?- riendo.
- Para ver como reaccionabas.- se tapó la cara. - Qué horror, qué horror, qué horror.- negaba con la cabeza, intentando no pensar en eso. Carina puso los ojos en blanco.
- Yo tenía que decirte... Empeza a pensar qué vas a hacer con Vitto, tu papá en cualquier momento se da cuenta.- ella asintió. - Y no discutas cuando diga que Juan los lleva y los trae de la fiesta.
- ¿Y si vuelven a contratar a Flores?, él era más copado que Juan.
- Flores es el marido de tu madrina, no daba que siga trabajando acá. Además el puesto que tiene en la empresa es mejor.
- Hablando de ella. El otro día me estaba acordando de cuando Lola y mi madrina estaban embarazadas, y las tías se iban a casar.
- No me hagas acordar.- rogó cerrando los ojos. - Me da dolor de cabeza del solo recordarlo. Estaban muy pesadas.
- Como vos cuando estabas embarazada.- se burló. Carina puso los ojos en blanco. - También me acordaba de cuando la abuela se fue a vivir con Roberto.- ella sonrió, recordando aquella charla en la que le dijo "Tenés derecho a rehacer tu vida", y Liliana le respondió que no podía amar a alguien más de lo que amó su padre. Carina no quería que esté sola al momento de que Pablo se mude con su novia. - Me sorprende que sólo sean amigos.
- A mí me sorprende que todos lo quieran como un abuelo.- pensó sintiéndose rara. Pablo tuvo un hijo, y Bárbara otro.
- Crecimos viéndolo a él como un abuelo, pero sabemos bien quien fue nuestro verdadero abuelo.- Carina acarició su mejilla, asintiendo. - Es increíble como pasa el tiempo.
- Es increíble cuánto creciste.- la abrazó riendo.
- Mamá.- susurró durante el abrazo.
- ¿Qué?- susurró también.
- Quiero una hermanita.- Carina la miró. - Es que... Tengo tres hermanos, y muchos primos. A la única que tengo que tengo es a Azul, y ella es grande. Además ahora que se mudó sola, ya casi ni la veo.
- No es por eso.- entrecerró los ojos.
- Necesito que papá tenga otra nena a la cuál celar.- juntó las manos, y Carina rió. - Azul me contó que cuando ella tuvo su primer novio, puso el grito en el cielo y casi la deja sin novio al poco tiempo de empezar. No me quiero imaginar cuando yo y Vitto empecemos algo.
- A Azul no la dejó de celar, y está hecha una vieja. Así que no esperes que te deje de celar en algún momento.
- Okey.- puso los ojos en blanco.

***

- Pórtense bien todos, eh.- les dijo viéndolos irse.
- Sí, mamá.- dijeron los cuatro. Apenas se fueron, se dio vuelta, quedando frente a Sebastián.
- Por fin solos.- la tomó de la cintura y la acercó a él. Carina rió.
- ¿Me parece a mí o al final te gustó la idea de que los chicos se fueran?- caminando hacia atrás, ya que él caminaba adelante sin soltarla.
- Hace una semana, dos días, dos horas y veinte minutos que no te toco, y me estoy volviendo loco.- la levantó en brazos como recién casados, y empezó a subir.
- ¿No contaste de verdad, no?- riendo.
- Yo no bromeo con esas cosas.- negó con una sonrisa. Carina le dio un beso en la mejilla y escondió la cara en su cuello. Al llegar a la habitación, la bajó y se sacó el saco.
- Yo quería hablar con vos, sobre algo...- dijo desprendiéndose la camisa.
- ¿Sobre qué?- dijo haciendo lo mismo.
- Algo importante que me viene rondando por la cabeza desde hace unas semanas.- se sacó la camisa.- La verdad es que quería.- cuando lo miró, sonrió. Él tenía su mirada más abajo. - Quería hablar de eso con vos pero por lo que veo no va a ser posible.- Sebastián asintió, embobado. - No va a ser posible porque no me estás prestando atención.- se hizo un poco para adelante, bajando la cabeza, para conectar con su mirada.
- No, perdón.- rió y la miró a la cara. - Es que no podés ser más perfecta así.- mirándola de arriba abajo. Tenía sus pechos casi desnudos, la pollera tubo que marcaba sus curvas, y esos taco aguja que le hacían las piernas más largas. Carina sonrió. - ¿Estás segura de que tenés cuarenta?- negaba sin poder creer.
- No es necesario que me recuerdes mi edad.- se cruzó de brazos, sin dejar de sonreír.
- No cruces los brazos, por favor.- ella los descruzó, poniendo los ojos en blanco. - Sacate eso.- señaló su corpiño.
- Sólo si vos te sacas eso.- señaló su camisa. Él se la sacó, y ella se desprendió el corpiño. Lo sacó lentamente, viendo divertida sus caras.
- La pollera, la pollera.- señaló rápido.
- No, primero los zapatos.- se los sacó mientras él se quitaba los suyos.
- Ahora sí, la pollera.
- El pantalón.- señaló riendo. Él lo desprendió mientras ella bajaba el cierre atrás, y se lo sacó mientras ella bajaba la pollera hasta que cayó al suelo. Carina escuchó que decía algo con los dientes apretados pero no llegó a entender qué. Sebastián, ya sin palabras, señaló apurado su ropa interior. - ¿Qué, esto?- metiendo el pulgar entre su piel y la fina tela.
- No juegues conmigo.- le dijo con la voz ronca, asintiendo. Ella rió.
- Vos también.- mientras se deshacía de esa última prenda. Él se sacó el bóxer rápidamente. Se miraron de arriba abajo unos segundos. - Creo que deberíamos acercarnos.- dijo divertida. Él a veces hacía eso; se quedaba embobado viéndola, y si ella no decía nada, se quedaría por horas.
- Ah, sí.- asintió y se acercó. Intentó decirle algo de todo lo que estaba pensando, pero nada salió.
- No es necesario que digas nada.- palmeó suavemente su pecho.
- Me dejas bobo, ¿sabés?- la tomó de la cintura y la atrajo hacia él. Carina cerró los ojos y suspiró al sentirlo.
- ¿Después de tantos años sigo teniendo el mismo efecto en vos?- preguntó y se mordió el labio.
- Eso nunca va a cambiar.- empezó a caminar a la cama, sin soltarla, hasta que cayeron en ésta. Carina rió. - Sos hermosa.- iba a besarla, pero ella habló.
- Lo sé.- agrandada. Él la miró riendo.
- Te amo.
- También...- se acercó y ella volvió a hablar. - También lo sé.
- Ah, estás graciosa.- notó volviendo a reír.
- No.- lo detuvo, sabiendo lo que iba a hacer. - No quiero cosquillas. Quiero que me hagas el amor.- él asintió, mirándola a los ojos. Se acercó y la besó al fin. Sin dejar de besarse se acomodaron en la cama. Carina empezó a acariciar sus brazos y su espalda, mientras él acariciaba sus piernas, subiendo a su pecho. Mordió su labio y enterró las uñas en sus hombros, cuando él empezó a jugar con sus senos. No se tardó mucho, cuando cambió sus manos por su boca. Ella apretaba las sabanas, tirando su cabeza hacia atrás. Cuando no aguantó más, tiró de su pelo y lo obligó a volver a su boca. - Te necesito ahora.- susurró con la respiración agitada. Sebastián asintió, volviendo a besarla. Se acomodó entre sus piernas y de un solo movimiento entró en ella. Carina tiró la cabeza hacia atrás, soltando un fuerte gemido. Besó su cuello mientras tomaba una de sus manos y la llevaba a un costado de su cabeza. - No, las manos no.- rogó, pero en un segundo tuvo la otra también al otro costado de la cabeza.
- Las manos sí.- asintió y volvió a besarla, empezando a moverse. Nada le gustaba más que sentir cómo apretaba sus manos, y mordía sus labios, gimiendo en su boca. Carina puso las piernas al rededor de su cintura, logrando que llegara más profundo. Luchaba para soltar sus manos y tocarlo, pero él las agarraba con firmeza. Hacía eso porque sabía, la volvía loca. Cuando supo que no tardarían mucho en llegar, dejó su boca y bajó a su cuello, acelerando los movimientos. Carina gimió en su oreja, y tiró la cabeza hacia atrás. Con cada movimiento la acercaba más, la llevaba cada vez más lejos.
- Mi amor, por favor.- soltó sus manos y ella las llevó rápidamente a su cuerpo; con una le rasguñó la espalda, y con la otra rodeó su cuello. - Sebastián.- susurró y dos segundos después gritó. Al escucharla gritar, se dejó ir también. Se quedaron así por unos largos segundos; lo único que se escuchaba ahora eran sus respiraciones agitadas. Carina besó su cuelo subiendo hasta su mejilla, tiró de su pelo haciendo que la mire y lo besó. - Te amo.- suspiró.
- Yo te amo más.- sonrió. Le dio otro beso y salió de ella. Se acostó a su lado y la atrajo para que se acueste en su pecho. Después de unos pocos minutos de silencio, volvió a hablar. - Mi amor, te quería decir algo...
- Yo también.- los dos se sentaron, apoyándose contra el respaldar de la cama. - Bueno, vos primero.
- No, vos primera.
- No, decime, después te digo yo.- ambos querían tiempo para saber cómo decir lo que querían decir.
- No, vos primera.- repitió. Ella suspiró y asintió.
- Bueno.- lo miró y no supo cómo empezar. - Ay, Sebastián, vos primero.- se cruzó de brazos. Él rió.
- Okey, yo primero.- puso las manos en alto. - Quería decirte que últimamente estuve pensando...Estuve pensando en...- se rascó la nuca. Estaba nervioso, no sabía cómo lo iba a tomar. - En que me gustaría tener otro bebé.- ella intentó no sonreír, pero al final no pudo evitarlo. - Yo sé que estamos los dos muy ocupados en estos días, y sé que vamos a seguir así por un tiempo, y vos tenés mucho trabajo, y yo también. Sé que tal vez no sea el momento, por eso se me ocurrió que...
- Quiero que adoptemos a Tomi.- dijo antes de que él pueda hablar.
- ¿En serio?- sonrió enseguida. Ella asintió. - Era justo lo que iba a decir.- rió.
- ¿De verdad?- él asintió. - Sí, bueno... Estuve pensando en que, no quiero que otra familia lo adopte, me encariñé mucho, él es mi bebé.- hizo puchero.
- Nuestro bebé.- la acercó, haciendo que vuelva a su pecho. - Entonces... ¿Adoptamos a Tomi?
- Sí.- lo abrazó fuerte, más que feliz. - Pero.- lo miró. - Creo que si adoptamos a Tomi, también tenemos que adoptar a Vitto.
- Pero Vitto es casi mayor, y no me cae bien.- dijo frunciendo el ceño. Carina rió, era obvio que se daba cuenta de que él y Pía se gustaban.
- No quiero alejarlo de él.
- Ese no va a venir a vivir acá.- negó enojado. - Además él está bien allá.
- Okey.- puso los ojos en blanco. - De todas maneras no quiero tomar ninguna decisión sin antes hablar con él, no quiero que se enoje con nosotros.
- No se va a enojar.- aseguró. Lo conocía, y sabía que iba a querer lo mejor para su hermano.
- Otro bebé.- dijo emocionada.
- Sí.- suspiró. Él quería uno propio, pero los dos amaban a ese bebé como propio; y sabía que si él no se lo decía, tarde o temprano se lo pediría ella.

 Al día siguiente, antes de empezar con todo, se lo informaron a sus hijos.
- Mamá te pedí una nena.- se quejó.
- Pía no voy a tener otro hijo en la panza ahora.- rió. - Además, si les gusta la idea, podríamos convencer a papá de traer a Vitto a vivir acá también.- los chicos festejaron de acuerdo.
- Carina ya hablamos de eso.- se quejó Sebastián.
- Lo sé, pero hoy decidí que quería que sea así. No voy a alejar a Tomi de su hermano; son los dos o nada.- lo miró, esperando su respuesta. Sabía perfectamente que diría que sí, ese bebé ya se había convertido en su debilidad como sus cuatro hijos.
- Está bien.- aceptó cruzándose de brazos. Todos festejaron aplaudiendo. Pedro se levantó y fue a sentarse en las piernas de Carina.
- ¿Qué pasa, mi amor?- Polo murmuraba y peleaba con Pía, mientras Sebastián hablaba con Ángel.
- ¿Voy a dejar de ser tu bebé?- dijo algo triste.
- No, mi chiquito.- lo abrazó, muerta de amor. - Vos siempre vas a ser mi bebé, así como Ángel y Polo. Los tres son mis bebés, y por un nuevo bebé en la familia no van a dejar de serlo. Los cuatro son mis bebés. Además, Tomi es tu hermanito desde que llegó, ¿no?, nunca estuviste celoso de él.
- No estoy celoso, es solo que yo era el bebé de la casa, y ahora él lo va a ser.
- No vas a dejar de serlo. Él no va a cambiar cuánto te queremos, ni va hacer que te tratemos diferente, ¿okey?- él asintió y ella le dio un beso en la frente.

 Esa misma tarde, hablaron con Vitto, quien se alegró al saber que no lo separarían de su hermano y que iría a vivir con ellos. Por supuesto que aceptó que lo adoptaran; su pequeño hermano merecía un padre y una madre como ellos. Los papeles de adopción llevaban tiempo, pero pudieron apurarlo todo lo posible. Pronto ese bebé, ya era su hijo.
 Cuando entraron a la casa con él en brazos, todos esperaban ansiosos, la sala estaba llena. Esa era la familia más grande y hermosa de todas.
- Los nuevos integrantes de la familia.- dijo Carina con una enorme sonrisa. Vitto saludó a todos que por supuesto ya conocía, y todos se acercaron al bebé, que también conocían. Saber que ya eran de la familia, los hizo quererlos aún más.
- ¿Así que sos mi nuevo hermanito?- dijo Pía, tomando en brazos a Tomás. Los otros tres también se acercaron, hablándole como bobos. Carina aprovechó que todos estaban entretenidos para hablar con Sebastián.
- Mi amor.- susurró en su oído, abrazándolo por la espalda.
- ¿Qué?
- Creo que Tomi no va a ser el más chico por mucho tiempo.
- ¿Qué?- rió frunciendo el ceño.
- Vamos a tener un bebito más.- rió también. Él se dio vuelta, poniéndose serio. Le tomó la mano y se la llevó de ahí al escritorio.
- ¿Me estás hablando en serio?- Carina asintió.
- Lo confirmé esta mañana.- se tocó la panza.
- ¿Helena, no?
- Estoy segura que sí, tiene que ser una nena como Pía me lo pidió.- rió.
- Un hijo más.- asentía. Su corazón empezaba a latir fuerte. - Dos hijos seguidos.
- Así es.- sabía que todavía no lo podía creer, y sabía que gritaría en cualquier momento.
- Quiero esto desde Pía y Polo, ¿sabías?, quería uno atrás del otro.
- Lo sé.- volvió a reír. - Te amo.- le dio un beso.
- Yo te amo más.- la besó, y la abrazó. - Vamos a ser papás otra vez.- susurró. Carina cerró los ojos, esperando. - ¡Vamos a ser papás otra vez!- gritó y la levantó en brazos, dando vueltas.
- ¡¿Qué?!- gritaron todos desde la sala. Carina reía, hasta que él la bajó.
- Te amo, mucho mucho.- emocionado. Ella le secó las lagrimas, mientras él secaba las suyas.
- Yo te amo, muchísimo, te amo.- y lo besó. Tan solo dos segundos después cortó el beso; ya tendrían tiempo para festejar. - ¿Me salvas y te salvo?- él frunció el ceño. Escucharon como todos gritaban y se acercaban. - Sálvame.- rió.
- Corré por tu vida.- dijo divertido. Tomó su mano y corrió a la ventana. La abrió y la dejó salir, para después salir él. Miraron atrás y vieron que varios más salían por la ventana, y al ver a la entrada, los demás salían por la puerta principal pidiendo explicaciones. Toda la familia estaba alterada, y los perseguían. Ellos corrían por el jardín de la mano, riendo a carcajadas. Sabían que esa gran familia iba a seguir creciendo, volviéndose más loca cada día.
  Hay muchos tipos de amor, y todo ese amor estaba ahí con ellos, volviendo el suyo más fuerte. La familia, la familia de corazón que son los amigos, todos son amor. Amor en todas partes, felicidad, salvación...
  Y es que los finales no existen. Son muchas historias en una; terminan pequeñas historias, y empiezan otras... Es sólo el final feliz de una primer historia, para un amor lleno de ellas.



Fin...


  Puse puntos suspensivos porque no quiero que termine, esta gran historia sigue en mi mente y quiero que siga en las suyas. #SálvamePorSiempreEnMiCora ❤️ahre.
  La verdad todavía no puedo creer que terminó, no me lo creo. No lloré, y creo que fue porque no es el final que quería, me hubiera gustado poner más de mi y hacerlo mejor pero fue lo que salió, de todas maneras me gustó jajaja. Perdón por hacerlo tan cortito ahre, na, intenté hacerlo menos largo pero salió así. Espero que les haya gustado este final, y toda la historia.
  Es la primer historia que empecé a escribir así que me veo obligada a decir unas palabras *se aclara la voz ahre*:
Con esta historia descubrí lo mucho que me gusta escribir, y les quería agradecer que me dejaran hacerlo, gracias por cada comentario, y cada palabra linda que me dicen xD. De verdad, creo que de no ser por ustedes no hubiera podido seguir escribiendo, y sin ustedes no hubiera mejorado ni un poco. Ustedes me ayudan a mejorar cada día, gracias por el aguante ❤️. De verdad gracias, porque empecé esta historia escribiendo para mí porque estaba aburrida, y terminé escribiendo para todas ustedes, terminé escribiendo más en serio jajajaja. 
También gracias a esta historia conocí a muchas de ustedes, que sin duda fue lo mejor que me dejó. Gracias por el aguante y por leerme. ¡Gracias por leer esta historia que ya es parte de mí!.
  El final y toda la historia está dedicada a todas ustedes, las quiero ❤️

Cambiando de tema... no crean que se van a librar de mí y mis locas ideas *inserte risa malvada*. Ya empecé a escribir una nueva historia que pronto voy a subir, y espero que lean!. La voy a subir a mi Tw (@Emma_Barbara7), y por supuesto al grupo de Fb.

Y así me despido, con un fuerte abrazo y muchos besos con sabor a oreo ahre. Muchas gracias a todas, hasta pronto ❤️

Atentamente: Emma❤️/Bárbara/Baba❤️/Y el nombre secreto que me inventó Nicole (tu/mi nombre) ahre ❤️

lunes, 29 de agosto de 2016

Capitulo 137. "Un amor eterno"

- Tranquila, mi amor, tranquila, ya llegamos.- le decía más que nervioso. Era él el que tenía que tranquilizarse. Le temblaban las manos y sentía que iba a perder la consciencia en cualquier momento.
- Sebastián si no te callas te juro que te pego la piña de tu vida.- respiraba hondo con los ojos cerrados.
- Sí, perdón, perdón, es que no sé qué decirte estoy muy nervioso. ¿Quien creés que nazca primero?, yo creo que va a ser Pía porque.- ella lo miró seria. - Mejor me callo.- asintió.
- ¿Ya llamaron a la clínica?
- Sí, sí, ya arreglaron todo, nos están esperando. ¿Juan podés ir más rápido?
- Voy lo más rápido que puedo, Sebastián.
- Sigo pensando en que teníamos que llamar a una ambulancia, hubiéramos llegado más rápido.- empezó a hablar mucho otra vez. Carina sólo lo ignoró, no iba a ponerse nerviosa ella.

- ¿Qué me decís?, ¿ya es momento?- le preguntó con una sonrisa el doctor, amigo de la familia.
- Dios, no sé si soy yo y mis nervios o qué, pero creo que se quieren quedar unos minutos más.- rió.
- No estés nerviosa, te expliqué mil veces cómo es y estoy seguro de que vas a estar muy bien.- ella asintió. - Lo que sí no creo que...- susurró y señaló con la cabeza a Sebastián. Ella lo miró y sonrió; estaba con los ojos cerrados, respirando hondo. Tenía agarrada su mano y la apretaba suavemente de vez en cuando.
- Mi amor, ¿estás bien?- Sebastián la miró y asintió. - Estás algo pálido, ¿seguro que estás bien?
- Estoy bien.- aseguró. - Primero conozco a mis hijos y después me desmayo tranquilo.- dijo recordando una charla que tuvo con ella semanas atrás. - Pero primero los conozco, después tal vez me desmaye, pero no sin conocerlos antes.- ellos rieron. De repente Carina cerró los ojos con fuerza, apretando su mano. - ¿Qué pasa?
- ¿Muy fuerte?- sabiendo que eran las contracciones. Ella asintió. - ¿Vamos?
- Sí.- volvió a asentir.
- Bien. Sebastián, andá con las chicas a prepararte y nos vemos en la sala de parto.- le dijo señalando a una enfermera.
- No, yo no me alejo de ella.- negaba sin soltar su mano.
- Sebastián hacé lo que te dicen.- lo miró seria. Él seguía negando, nervioso. - Sebastián.- en tono amenazante.
- Bueno.- puso los ojos en blanco. Le dio un beso en la cabeza y se fue con cara de nene enojado.
- ¿Estás segura de que va a poder?- rió.
- Eso espero.
En el camino, todas se le acercaron a desearle suerte y demás. Bárbara, Liliana y Monica le dieron algunos consejos que ella ya sabía.
- Nunca fui madre, pero te voy a decir lo que sé.- le dijo Sol, caminando rápido a su lado. - Puja fuerte. Tienen que salir los dos, y tienen que salir completos.- Carina rió pero enseguida su expresión fue de dolor. - Suerte, te quiero.- se detuvo antes de entrar. Unas semanas antes todos habían hablado con el medico sobre la posibilidad de presenciar el parto, pero por más que se pudiera, Carina se hubiera negado si se enteraba de lo que querían hacer.

- Bien, Carina, a la cuenta de tres puja, ¿sí?- el doctor no llegó a decir tres que Carina empezó a pujar con fuerza. Sebastián se había olvidado de los nervios; apretando su mano le decía que ella podía y lo mucho que la amaba. Con el ruido que ella misma hacía, más el doctor que no dejaba de hablar ella no lo escuchaba. Estaba concentrada en lo que sabía tenía que hacer; quería a sus hijos en brazos, nada más. Ambos se miraron emocionados cuando escucharon el llanto del primero.
- Felicitaciones, es Pía.- les dijo el doctor. - Vamos por Polo, Carina, no te detengas.
- Un último esfuerzo, mi amor, dale.- le dio un beso en la mejilla, sosteniendo firme y suavemente su mano. Carina volvió a pujar. No sabía si habían pasado horas o segundos, cuando escuchó su llanto. Dejó caer la cabeza, respirando agitada. Sentía las lagrimas caer por sus mejillas y las secó rápidamente, abriendo los ojos.
- Son hermosos.- le dijo llevando a su beba en brazos, mientras una enfermera le daba el bebé a Carina. Con ambos bebés en el pecho, ya no podía parar las lagrimas.
- Dios, gracias.- sonrió mirando al techo. Sebastián le dio un beso en la frente y otro en los labios.
- Te amo, soy el hombre más feliz de mundo.- tampoco dejaba de llorar.
- Te amo.

***

Carina vio que Azul se asomaba por la puerta y sonrió.
- ¿Se puede?- preguntó en voz baja.
- Sí, pasa.- rió.
- No vengo sola.
- Pasen.- asintió, creyendo que serían las chicas. La puerta se abrió y Azul empezó a nombrar.
- Como nos organizamos, eh, nada de querer pasar primero.- Carina frunció el ceño. - Primero las abuelas, adelante.- entraron Moni y Lili. - El abuelo, vamos Quique, felicitaciones.- él entró riendo. - Las tías, vamo' las pibas.- dijo lo que le habían dicho que diga. Carina se tapó la boca para no reír al ver a Bárbara y Sol entrando como todas unas divas. - El tío, ¡genio!- aplaudió suavemente como le dijo. Pablo entró haciéndose el canchero. Sebastián miraba todo levantando una ceja, divertido. - Las madrinas y tías de corazón, mejores que las otras dos.- leyendo lo que escribieron en su mano, y señaló la puerta con ambas manos, logrando que tengan una mejor entrada. Carina rió al verlas. - Y por último, los otros cinco boludos.- no esperó a que entren que fue a saludar a Cari.
- Yo no sabía que había una presentación, yo quiero mi presentación individual y mejor.- se quejó Agustín, cerrando la puerta. Todos los felicitaban y se acercaban a ver a los bebés.
- ¿Cómo consiguieron que los dejen entrar a todos?
- ¿Vos no sabés con quien estás hablando?- dijo Sol, con un gesto de superioridad. Ella rió.
- Sino nos dejaban pasar hacíamos quilombo, la gente de la clínica ya nos conoce, no querían eso.- dijo Ana, haciendo el mismo gesto.
- Cuando despierten yo quiero ser la primera en tenerlos.- pidió Lola, levantando la mano. Todas las chicas empezaron a hablar, diciendo que ellas querían ser la primera, que tenían más derecho porque blah blah blah.
- Sshh.- hizo que se callen. - ¿De verdad van a seguir peleando por todo?- las retó. Ellas se cruzaron de brazos.
- ¿Cuando se van a despertar?- le preguntó Azul, mirándolos desde los brazos de su tío.
- Con la familia acá adentro no van a poder dormir mucho, les doy cinco minutos como máximo.- dijo riendo.
- Hablando de dar.- sonrió Bárbara, estirando una mano hacia adelante. - Paguen.- todos se quejaron.
- Amor, ¿me pasas mi cartera?- él se la alcanzó y rápidamente volvió a su lugar, volviendo a mirar a sus hijos. No podía pasar ni un minuto entero sin mirarlos.
- ¿Hubo una apuesta en la que no participé?- preguntó viendo cómo todos menos Lili, Quique y Azul, le pagaban a su mamá y a Bárbara.
- Vos eras la apuesta.- se burló Pablo. Sebastián miró a Carina con el ceño fruncido.
- Nada importante, mi amor.- rió nerviosa.
- Resulta que ninguno de estos te tenía fé.- dijo Bárbara, contando la plata en su mano. - Vos no me pagaste, rata.- señalando a Agustín. Él le pagó poniendo los ojos en blanco.
- ¿Cómo que no me tenían fé?, ¿de qué hablan?
- Todos creían que te ibas a desmayar.- le dijo su madre, contando la plata también. - Ana.- la miró seria.
- Presente.- levantó la mano con una sonrisa. Ella entrecerró los ojos. - Me quedé sin plata, después le pago.- suspiró.
- Bueno pero con intereses.- todos rieron.
- ¿Creyeron qué?- miró a Carina, enojado.
- Estuviste a punto.- se defendió ella.
- Yo sabía que no lo ibas a hacer.- dijo Bárbara. - Sabía que ibas a aguantar lo que sea con tal de ser el primero en verlos. Viendo cómo sos con Azul, era obvio que ibas a hacer todo por tus hijos. Además, si te desmayabas iba a hacer que vos les pagues lo que yo tenía que pagar, pero no fue necesario, gracias.
- ¿Y vos mamá?, ¿qué explicación tenés por haber participado en algo como esto?
- Yo aposté por vos hijo.- se defendió. - Bueno... Igual por las dudas aposté poco.- rió.
- ¿Y vos no me tenías fé?- la miró algo triste.
- Al principio sí, de hecho aposté por eso, pero cambié la apuesta al ver lo pálido que te pusiste cuando el doctor nos habló del parto. Te desmayaste ahí, Sebastián, ¿por qué no te desmayarías en el parto?
- Porque se trataba de mis hijos.- por pensar en ellos pudo seguir consciente. - Después vamos a hablar.- todavía serio.
- Perdón.- rió.
- ¿Ves?, tenés que dejarla y casarte conmigo.- le dijo Azul, abrazándolo. Todos rieron mientras Carina la retaba divertida.

***

- ¿Conseguiste que se vayan?- preguntó sonriendo.
- Sí, necesité ayuda con las chicas, pero sí.- se sentó en una silla retomando su trabajo de admirar a sus hijos. - Seguramente las pesadas vengan mañana bien temprano, antes de que nos vayamos.
- No creo, al menos no Sol y Ana, ellas nunca se levantan temprano.- rió. - ¿No pensás dormir?
- Sí, ¿por?
- Porque desde que llegaste a la habitación estás sentado ahí, y no pudiste pasar ni cinco minutos afuera, siento que no vas a dormir con tal de seguir viéndolos.
- Qué exagerada.
- Sebastián casi te hacés pis por no querer ir al baño.- intentaba estar seria.
- Pero no pasó, no me hice pis.- negó sonriendo. Ni siquiera la miraba.
- Si yo no te obligaba. te hubieras hecho pis encima.- se cruzó de brazos. - Vení a acostarte conmigo y dejalos un rato.- pidió haciendo puchero.
- Está bien.- se levantó poniendo los ojos en blanco. Carina le hizo un lugar a su lado y él se acostó, haciendo que ella se acueste en su pecho. - Mi amor.
- ¿Qué?
- Nuestros hijos son hermosos.
- Lo sé.- lo miró sonriendo. - ¿Y?
- Que quiero más.
- ¿Más qué?
- Más hijos.- rió.
- Es muy pronto para hablar de eso.
- No, ¿por qué?. Yo quiero empezar a buscar al próximo.
- Estás loco.- dijo riendo.
- ¿Por qué?- la miró frunciendo el ceño.
- Sebastián, nacieron hoy, disfrutalos. Tenemos bebés para rato.- divertida.
- Sí, tal vez sea muy pronto.- pensó. - Podemos buscar al próximo en... ¿tres meses te parece bien?
- Basta.- negó riendo.
- Okey, okey.- puso los ojos en blanco.
- Sebas.- susurró cerca de su oído.
- ¿Qué?- sonrió y la miró, quedando tan cerca que sus respiraciones chocaban y sus narices también.
- Te amo.
- Yo te amo más.- le dio un beso y volvió a sonreír. - ¿Qué pasa?- preguntó al verla pensativa. Carina suspiró y sonrió.
- Ya pasaron dos años, de todo. La semana pasada se cumplieron y...- negó riendo, evitando llorar.
- Te pedí que no pienses en eso.- acariciándole la cara.
- Es que me gusta pensar, no lo recuerdo como algo triste. Fue uno de los mejores días de mi vida, ¡me salvaste!- rió emocionada.
- Vos me salvaste a mí.- susurró pegando sus frentes. - Carina ya te lo dije, yo te saqué de ahí, pero si hablamos de salvación, vos fuiste la mía, vos sos la mía.- ella se mordió el labio, mirando su boca, pero enseguida subió la mirada a sus ojos.
- Nos salvamos mutuamente.- se encogió en hombros, y rieron. Suspiró. - Dos años, fueron los mejores años de toda mi vida. En dos años... Reí, lloré; amé, viví. Cuando me sacaste de ahí, me devolviste la vida. Ahí adentro, encontré mi vida.- acarició su cara. - Sos mi vida. Estos años, fueron intensos.- admitió abriendo los ojos con exageración, divertida. - A pesar de las peleas, aquella tan fuerte, y todas las peleas estúpidas que pasaron, no dejé de amarte ni un poco ni por un segundo. Sé que yo soy la persona que más te hizo sufrir en todo este tiempo.- rió apretando los dientes. - Pero...
- También sos la persona que más feliz me hizo, que más feliz me hace.- le recordó. Carina asintió sonriendo.
- A lo que voy es, te amo, y prometo cuidarte y hacerte feliz por el resto de mi vida. Sé que voy a seguir cometiendo errores, pero sé que vas a estar ahí para corregir me; al igual que yo voy a estar si te equivocas o te caes. Estoy y voy a estar, en las buenas y en las malas.- entrelazó sus dedos. Sebastián sonreía enamorado. - Porque me salvaste y me amaste en mis mejores y peores momentos, yo voy a estar siempre, en lo que sea. Te amo como sos, en todas tus versiones; voy a estar con vos, en todas. Te amo ahora, y prometo amarte cada día un poquito más. Aunque eso no lo tengo que prometer, va a ser así quiera o no.- rió.
- ¿Por qué me decís esto?- preguntó riendo nervioso, no quería llorar. - Siempre que me decís estas cosas me hacés llorar, ¡Carina!- la retó. Ella volvió a reír.
- Perdón.- negó divertida. - Sólo quiero recordartelo, y sé que no necesito hacerlo, porque te lo demuestro todos los días de alguna manera, pero necesito que lo sepas. Pasaron dos años, hoy fue la inauguración de la fundación, el nacimiento de nuestros hijos... Me siento inmensamente feliz y todo se debe a vos. De no ser por vos yo no sé si estaría viva, de no ser por vos no sé si hubiera podido hacer todo este trabajo, y de no ser porque me embarazaste, no tendría a esos dos bebitos.- le pegó suavemente en el hombro. Sebastián rió.
- Hice un buen trabajo, ¿no?- agrandado. Rieron. - Sé que todo esto hace que te sientas, no sé, triste y feliz a la vez.- no sabía exactamente lo que sentía, pero no se preocupaba porque sabía que ella tampoco sabía. - Y después de todo lo que me dijiste me siento obligado a decir algo.- Carina negó.
- Si querés otro día, eh, no hay problema.- bromeó.
- Yo no puedo poner en palabras lo mucho que te amo, lo mucho que hiciste por mí. Y no voy a decirte gracias, porque mi manera de agradecerte es, estar así.- se encogió en hombros. - Estoy completamente enamorado, y te amo mucho. Me diste dos hijos hermosos y sé que me vas a dar más, muchos más.- aseguró y ella puso los ojos en blanco. - Mi manera de agradecerte es, amandote y cuidandote, haciéndote feliz. Porque vos me hacés feliz, y con que me ames me alcanza para serlo toda la vida. Hace dos años, me salvaste y... Ahora siento la necesidad de cuidarte todo el tiempo. Te prometo que mientras viva, nadie va a volver a hacerte daño, nunca, ¿okey?, van a tener que pasar por sobre mi cadáver para lastimarte, ¿te quedó claro?- ella asintió.
- Ya entendí.- rió al verlo tan serio de repente. Acarició su frente y él dejó de fruncir el ceño, suavizando su expresión. - Creo que, si nos salvamos mutuamente, podemos amarnos y cuidarnos mutuamente también, ¿no?- él asintió. - Nos cuidamos y nos amamos por el resto de nuestras vidas.- suspiró, volviendo a tomar su mano y entrelazar sus dedos.
- Y a nuestros hijos.
- Por supuesto.- él asintió.
- A este par, y los próximos diez.- ella asintió hasta que lo miró rápido, dándose cuenta de lo que dijo.
- Después hablamos de eso.- rió. Suspiró y siguió la conversación. - Me salvaste hace dos años, y hasta el día de hoy me salvas, todo el tiempo. Salvaste mi vida.
- Vos salvaste la mía. No sé qué hubiera sido de mí sino te conocía ese día, y sino me decidía a sacarte de ahí. Te quería para mí, sólo para mí, y terminé entragandome a mí, me entregué por completo. Salvaste mi alma, salvaste mi corazón, y ahora te pertenecen, te pertenezco.
- Lo hacés sonar exagerado.- frunció el ceño. Sebastián rió. - Me salvaste y te salve. Tengo tu corazón y vos tenés el mío. Somos lo que quedó de nosotros, lo que quedó de nuestro corazón después de todo lo malo. Y nos salvamos porque ahora somos uno.- sonrió y acarició su cara.
- Tu amor me salvó, y mi amor te salvó a vos; tu amor fue mi salvación, y el mío la tuya.- tomó su mano, sacandosela de la cara. - Nuestro amor nos salva día a día. Un único amor, infinito, eterno.
- Te amo para siempre.- susurró mirándolo a los ojos.
- Te amo eternamente.- susurró también. Se acercó mirando su boca, y miró sus ojos, para un segundo después besar sus labios.
 Un último beso de una oscura historia, pero el primer beso de un nuevo comienzo. Un beso de salvación, para una vida a salvo. Un amor feliz, un amor eterno.





Okey, casi, pero no, no lloré eeaaa ahre. No pensaba subirlo todavía, lo terminé recién hoy. Me costaba escrirlo pero al final pude. Esta historia todavía no terminó, falta el epilogo!. De todas maneras estoy segura de que ese sí me va a costar jajaja. 
Mientras tanto, ¡gracias a todas por leer!❤️

viernes, 26 de agosto de 2016

Capitulo 136. "Todos merecemos amor"

- Mamá, vengan todos a la casa de Sebastián, y por favor trae mi valija.- le pidió al teléfono.
- Sabía.- rió. - Ya vamos.- cortó.
- Ya vienen.- le dijo sonriendo. - ¿Llamaste a tus padres y a Sol?
- Sí, también le dije a los chicos, y le dije a Emilio que prepare una buena cena para festejar.
- Sólo para asegurarme... Festejamos que son nene y nena, no?- él asintió.
- Y nosotros otra cosa.- le dijo acercándose. Carina sonrió y se mordió el labio. Se acercó para darle un beso pero alguien hizo que girara a la entrada rápidamente.
- ¡Tío, tía, volvieron!- gritó apenas cruzó la puerta.
- ¿Cómo es que llegaste tan rápido?- la levantó en brazos, divertido.
- Cuando mi abuela nos dijo, salí corriendo.- rió agitada.
- ¿Viniste sola?- le dijo intentando verse seria.
- Mi mamá se quedó a media cuadra, tenía unos tacos tan altos que se cayó.- volvió a reír.
- ¡Azul!- le gritó entrando.
- Uy, parece enojada.- escondió la cara en el cuello de Sebastián, abrazándolo fuerte.
- ¿Qué te pasa?, ¿cómo vas a correr así?- la retó.
- No le hables así.- le dijo Sebastián, serio.
- Es mi hija.
- Y es mi sobrina.- se alejó cuando quiso tomarla. - Además, ella sabe que estuvo mal, no necesita que se lo digas, ¿No, chiquita?- la miró. Azul asintió sin mirar a su madre. Carina miraba la escena de brazos cruzados, divertida.
- Nunca más salgas así.
- Ay, bueno ya está. ¡Son sólo dos cuadras, che!- seguía defendiéndola.
- ¡Sebastián!- gritaron sus amigos.
- ¡Cari!- gritaron las chicas.
- ¡¿Por qué todos gritan?!- gritó de la misma manera. - ¡¿Por qué no golpean la puerta?!- rieron. Ya habían llegado todos.
- ¿Me das a mi nena y dejas de gritar?- le dijo Bárbara.
- ¿Vos querés ir con esta?- le preguntó a Azul. Ella negó. - No te quiere.- se encogió en hombros. Los demás rieron.
- Bueno, vinimos por algo.- dijo Sol. - ¿Qué van a ser mis sobrinos?
- Bueno.- puso los ojos en blanco. - ¿Te vas a bajar?- Azul negó. - Okey.- suspiró.
- Si así vas a ser con tus hijos mejor que mande Carina.- le dijo Ana. - Chiquita mal criada.- rió.
- ¡Hey!- le dijo serio. - Con Azul no, eh.
- Sebastián.- rió Carina. - Vemos a decirles, ¿sí?
- Sí.- miraba mal a Ana, y también a Bárbara. Azul sonreía.
- Vamos a tener un nene.- dijo Carina, sonriendo feliz.
- ¡Y una nena!- dijo él, aún más feliz. Todos festejaban; algunos querían nenes, otros nenas, pero los dos era genial. Cuando miró a Azul, frunció el ceño. - Hey, ¿no estás feliz?- al verla seria.
- No, bajame Sebastián.- no le gustó la emoción con la que dijo que iban a tener una nena.
- ¿Qué?- ella se removió en sus brazos, haciendo que la baje, y corrió a la cocina.
- Hey, Azul.- dijo queriendo seguirla.
- No, dejala Sebastián, está celosa.- le dijo Bárbara.
- Pero no me dijo "tío", está enojada.- fue a la cocina, algo triste. Carina sonrió al verlo así con Azul.
- Va ser un excelente padre.- le dijo Lili. - Igual o más baboso que el suyo.
- Me imagino.- rió.

- Hey, chiquita.- ella se escondió atrás de Emilio. - Azul.
- Andate.- le dijo triste.
- No, tenemos que hablar.- ella negó.
- Azul, Sebastián tiene razón, tienen que hablar.- le dijo sonriendo. - Yo me voy a la sala.- salió. Sebastián se agachó y abrió los brazos. Azul corrió y lo abrazó.
- ¿Qué pasa?
- Van a tener una hija.- él asintió. - Las chicas van a estar más con el nene, porque todas queríamos que sean nenes, y no me importa eso. Pero vos vas a tener una hija a la cual cuidar y mal criar, y mi tía también... Y se van a olvidar de mí.- empezó a llorar. - Yo no quiero que ustedes dos me dejen de lado. No me importa que los demás estén emocionados con los bebés, yo no quiero que ustedes se olviden de mí.- Sebastián sonrió y le secó las lagrimas.
- Vos sos mi sobrina, y siempre vas a ser mi chiquita. Y yo y tu tía nunca nos vamos a olvidar de vos. Vos nos va a ayudar con ellos, y vas a estar con nosotros todo el tiempo. No te vamos a dejar de lado ni nada de eso, ¿sí?
- Pero los van a querer más que a mí. Y cuando la nena crezca ella va a ser tu chiquita.
- Los voy a querer a los tres por igual, y las dos, van a ser mis chiquitas.- ella frunció el ceño.
- Yo no quiero compartirte.- negó. Sebastián rió.
- Me estás compartiendo con tu tía.- se encogió en hombros.
- Pero es diferente.- se cruzó de brazos.
- Bueno, vamos a hacer una cosa.- suspiró y le tomó las manos. - Por ahora, ellos siguen en la panza.- ella asintió. - Así que vamos a aprovechar, y vamos a pasar mucho tiempo más juntos, para que me tengas para vos sola. Y cuando nazcan.- Azul hizo puchero. - Cuando nazcan te voy a demostrar que no vas a dejar de ser mi chiquita.- rió y le acarició la cara.
- Bueno.- asintió.
- ¿Sí?, ¿no estás enojada?, ¿no estás triste?
- No.- lo abrazó. - Te quiero mucho.
- Yo más.- sonrió.
 Cuando volvieron a la sala, todos los miraron.
- Ya pasó.- dijo riendo.
- Qué bien.- se acercó. - ¿Me lo prestas un rato?
- No.- lo abrazó sonriendo. Carina miró a Sebastián, sorprendida pero divertida.
- Soy de ella hasta que nazcan.- se encogió en hombros.
- ¿Ah sí?- ellos asintieron riendo.

Meses después...

- Este proyecto empezó más como un sueño, era tan soñador que lo creía imposible. Hoy este sueño se hace realidad, y no me queda nada más que agradecer. Primero que nada, a mi familia.- los señaló. Todos miraban desde abajo del escenario, al costado; la miraban con orgullo. - A mis amigos, que son parte de mi familia. Pero especialmente a mi marido, Sebastián.- sonrió al ver que hacía un esfuerzo enorme para no llorar. - Gracias, vos sabés porqué, por todo.- él le tiró un beso, llorando ya sin poder evitarlo. Verla hablar con esa seguridad, cumpliendo un sueño, y encima con la panza apunto de explotar; moría de amor. - No sólo a mi hermosa familia, también a todos los que ayudaron con este proyecto, con este sueño, hubo mucha gente atrás de todo esto y les agradezco a todos y cada uno. A todos ustedes, por venir.- sonrió. - Creo que mejor voy a terminar porque hay gente que se está durmiendo.- dijo viendo a su sobrina. Todos rieron. - Sean bienvenidos a la fundación "Todos merecemos amor".- señaló la puerta. - Lore, por favor.- su nueva amiga, con su bebé en brazos, cortó el listón. Todos empezaron a aplaudir y ella también. Ana corrió a la escalera del escenario y la ayudó a bajar.
- Felicitaciones.- le dijo más que emocionada.
- Gracias, y felicitaciones también.- sonrió y la abrazó como pudo. El resto de la familia también se acercó. Todos la abrazaban y felicitaban. Cuando miró a Sebastián, quiso caminar hacia él pero mucha gente se acercó a saludarla y felicitarla. Se quedó hablando con varios. Sebastián la miraba y no podía creer estar tan orgulloso; ver que quería ayudar a la gente, a toda la gente que lo necesitara, pero más que nada a la gente que pasó lo que ella.
- Hey, ¿no vas a saludar a tu mujer?- le dijo Alexander, golpeándole la espalda.
- Está ocupada ahora.- rió sin dejar de verla.
- Es admirable todo lo que hizo y hace, es una mujer admirable, te felicito.
- Estoy demasiado orgulloso, y más enamorado que nunca.- negó limpiándose algunas lagrimas.
- Se nota, creéme, se nota mucho.- riendo.
- Señor Estevanez, ¿podemos hacerle unas preguntas?- preguntó uno de los tantos periodistas.
- Sí, por supuesto.- asintió sonriendo. Respondió algunas pocas preguntas, no era a él a quien tenían que entrevistar. Cuando por fin se deshizo de la prensa, y ella también, se acercaron. - Felicitaciones, mi bonita, estuviste excelentemente y muy hermosa, estoy muy orgulloso de vos.
- Gracias.- sonrió. - Nada de esto hubiera sido posible sin vos, de verdad muchas gracias.- él la beso, después de unos largos segundos, lo apartó. - Mi amor.- sonrió y empezó a respirar hondo.
- ¿Qué?- le acarició la cara.
- No te asustes, pero creo que ya es hora.- dijo riendo nerviosa. Sebastián palideció.
- ¿Eh?- creyó que no había escuchado bien.
-  Tranquilo, ¿sí?. Van a nacer.- asintió acariciándole la cara.
- Okey.- asintió también, y empezó a respirar profundo. - Estoy tranquilo, estoy tranquilo...- y gritó. - ¡Mis hijos van a nacer!





Continuará...

Capitulo dedicado a Joa, feliz cumple atrasado!❤️ jajaja

ATENCIÓN: por cambios de último momento (ahre), resulta que el próximo capitulo de Sálvame *redoble ahre x2* ¡va a ser el último!
Jejeje, hubiera puesto "Últimos capítulos", en estos últimos, pero ya hice eso y resultó que faltaban mil. Y ahora recién me doy cuenta de que ya no tengo más que agregarle así que... El último capitulo, y por supuesto después el epílogo. Y para que se sientan mejor, ya estoy llorando. Nada, eso, chau.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Capitulo 135. "Volvé"

Carina corría por los pasillos aunque Sol le dijera que no lo haga. Estaba desesperada, no encontraba la habitación.
- Esto tiene que ser joda.- al ver el numero 17 en la puerta. Sin más, la abrió y entró. Al verlo el corazón se le detuvo. - Sebastián.- susurró y empezó a llorar. Se acercó a la cama y lo miró de arriba abajo. Tomó su mano y se asustó cuando él abrió los ojos de repente.
- Hey, ¿qué hacés acá?
- ¿Cómo qué hago acá?- le dijo enojada, todavía llorando. - Sol llegó a mi casa diciendo que habías tenido un accidente, y me pidió que venga con ella porque tenía miedo de que estés muerto. ¡Creí que estabas medio muerto, estúpido!- lloraba de alivio. Sebastián rió. - ¿De qué te reís?- le pegó en el pecho.
- Uy, pará, está bien que estamos en un hospital y me podrían atender enseguida, pero tampoco es para que me lastimes.- dijo divertido. - No fue grave, sólo me desmayé y choqué con un árbol, no me lastimé mucho. ¿Cómo Sol va a pensar que estoy muerto si yo la llamé?- se agarró la cabeza. - Esa mina es muy estúpida, me preocupa.
- Todo el mundo sabe que es estúpida, por algo hace buena pareja con Agustín.- dijo secándose las lagrimas, aunque no dejaban de salir. - ¿Por qué te desmayaste?- él miró a otro lado.
- Bueno... Digamos que no como muy bien desde que te fuiste.
- ¡Sabés que no me gusta que hagas eso!- lo retó. - Me prometiste que ibas a engordar conmigo.- empezó a llorar más fuerte. Él rió.
- ¿Te preocupo?, quiero decir, ¿te importó esto?
- Cómo no me va a importar.- le dijo frunciendo el ceño. - Esta bien que estemos peleados y enojados, pero no dejas de ser el papá de mis hijos, no quiero que se queden sin padre sin quiera haber nacido. Quiero que te conozcan, que vean lo fuerte que estás y puedan presumirlo con sus amigas, y que las madres de esas amigas me envidien.- él levantó una ceja. - ¡Eso no iba!- volvió a llorar. - ¿Ves?, me asustas y hacés que diga cosas que no quiero decir.- sollozó. - Vos no dejas de ser la persona que más amo en el mundo, el que esté enojada no cambia eso para nada.- Sebastián sonrió.
- Veni.- le hizo un lugar en la cama y ella se acostó. - Llamé a Sol pensando que iba a venir directamente, no era la idea que te enteraras.
- Tenés lastimado.- señaló su frente. - Y acá.- tocó suavemente su mejilla. - Tenés cortes chiquitos pero son varios.- viéndolo triste.
- Mi bello rostro fue el más afectado.- rió.
- ¿Por qué tenés eso?- señaló el suero.
- Dicen que me bajó la presión.- puso los ojos en blanco. - Dijeron que cuando esta cosa se termine me puedo ir.
- Tuve miedo.- confesó. - Digo, me muero si te pasaba algo.- intentaba decirle, intentaba hablar para arreglar las cosas, pero él no seguía la conversación de la manera en que necesitaba.
- No me voy a morir sin antes conocer a mis hijos.- le dio un beso en la panza. Ella asintió sonriendo levemente.

***

- Cuando entré a la habitación y los vi juntos, creí que habían arreglado las cosas.- dijo Sol, con mala cara.
- No hablamos de eso.- negó. - Pero está bien, quiero decir, estamos bien.
- Yo pienso que no.- le dijo Bárbara. - Si estuvieran bien vos no estarías acá apunto de dejarme sin comida otra vez.
- Mamá cuando sirvas la cena, servime el triple.- pidió sin dejar de mirar a su hermana. - Tengo que comer por tres.- le sacó la lengua.
- ¡No empiecen con sus peleitas estúpidas!- se quejó. - Carina, vos y yo estábamos hablando.
- Sol estamos bien así por ahora.- suspiró. - Ya entendí que no me fue infiel y que nunca lo haría, y no sigo enojada con él por nada. Pero quiero ir despacio.
- ¡¿Despacio con qué?!- le gritó. Eso era estúpido.
- Sebastián no me insistió que volviera, ni me habló de nosotros en todo este tiempo.- eso le dolía. - Y lo entiendo, está bien, no puede ser que siempre él sea el que se mueve y hace algo por nosotros. Esta vez quiero ser yo, pero no quiero que sea tan rápido. No quiero volver y hacer como si nada.
- ¿Y qué pensas hacer?
- Por ahora sólo sé lo qué no quiero hacer, que es eso. Ya veremos cómo se va dando.
- No, yo definitivamente me harté de ustedes.- negó suspirando. - Son muy estúpidos.- Carina, Liliana y Bárbara estallaron a carcajadas. - ¿Qué?
- Mirá quién habla de estúpidos.- dijo tentada. Sol la miró mal y ella dejó de reír. - Okey, me callo.
- Tiene razón.- señaló Carina, sin dejar de reír. - Sol, ¿sabés qué pasa?- ella negó. - Pasa que, así como estamos, estamos mejor que cuando estamos juntos.
- ¿Qué?- sin entender.
- Sí, así.- asintió. - Cuando estamos juntos, está todo bien siempre hasta que de repente ¡boom!, discutimos por alguna cosa. Peleábamos mínimo tres veces a la semana, y aunque eran peleas estúpidas por cosas sin importancia, eran peleas. Y sí, la mayoría eran por mi culpa.- puso los ojos en blanco. - Siento que estando lejos de él, él vive más en paz.
- A él le gustan hasta las peleas cuando se trata de vos. Carina, él no tiene paz si no te tiene a vos al lado.
- Sí, creo que sí.
- No creas, es así.- suspiró.
- No me siento... Yo no... No soy merecedora de su amor, yo no lo merezco.- negó triste.
- Eso lo sé mejor que nadie.- rió sin humor. Carina cerró los ojos, le dolió. - Pero eso no importa. Vos podes no merecerlo, pero él sí a vos.
- No, él merece a alguien mejor.
- Él merece lo que quiera, y lo que lo haga feliz.- se encogió en hombros. - Vos sos la persona que más lo hace sufrir, estos días, aquellos meses... Pero lamentablemente sos la única persona que lo puede hacer feliz, completamente feliz. Sos su mujer, el amor de su vida, la persona que más ama en el mundo.- le recordó. - Sé que vos no hacés todo lo que hacés apropósito, que de repente te sale lo hija de puta de adentro y dura un buen rato. Pero sé que también lo amas, tal vez no tanto como él, porque él te ama demasiado.- rió. - Pero lo amas, y lo sé, todos lo sabemos.- Carina asintió, mirando abajo; las lagrimas corrían por su mejilla, y se veía tan triste que a Sol le dieron ganas de acercarse y abrazarla, pero no lo hizo. Sólo suspiró y se levantó. - Sos grande, sabés lo que tenés que hacer. No necesitas que ni yo, ni Bárbara, ni Ana, ni Lola, ni Pablo, ni tu mamá, ni siquiera Azul te lo digamos. Sabés lo que tenés que hacer, hacelo. Y por favor, que no se repita.
- No prometo nada.- bromeó. - Gracias, te quiero.
- Yo también.- le dio un beso en la frente. - Yo me voy, chau a todas.- y salió.
- Perdón. Perdón por todo.- mirando a su mamá y a su hermana.
- No es nosotras a quien le tenés que pedir perdón.- Carina asintió.

 Esa noche, se quedó despierta pensando. Intentaba saber la razón por la cual quería quedarse en casa de su mamá, pero no entendía. Quería quedarse ahí, pero también quería volver. A esas alturas ni ella se entendía.
 A la mañana siguiente, se decidió a ir a buscarlo. Cuando Sebastián llegó a la sala, no podía creer que estuviera ahí.

- Hey, hola.- sonrió y se acercó. Le dio un beso en la mejilla y bajó a su panza. - Hola mis bebés, hola. ¡Hoy los voy a ver!- dijo feliz y se levantó. - ¿Cómo estás?, ¿cómo dormiste?
- Bien, ¿vos?- acariciando su mejilla, los pequeños cortes en ella.
- Bien.- asintió. - ¿A qué viniste?
- Quería hablar con vos.- dijo nerviosa.
- ¿Es algo sobre nuestros hijos?, decime.- le estaba costando demasiado portarse así con ella, pero no estaba mal y por eso seguía.
- No, no es sobre ellos. Es... sobre nosotros.- él asintió, poniéndose serio. - Quería pedirte perdón, sé que no me metiste el cuerno, te creo.
- ¿Recién ahora?- ella bajó la mirada, asintiendo.
- Sí, perdón. No sé qué me pasó, no sé porqué no podía creerte.
- Qué bueno que te hayas dado cuenta.- asintió. Ella lo miró, no parecía querer decir nada más.
- Te estoy diciendo que te creo y te estoy pidiendo perdón.
- Te perdono.- le estaba costando demasiado no acercarse y besarla.
- ¿Y?- preguntó con un hilo de voz. Esperaba no llegar demasiado tarde. El miedo la invadió.
- No podemos permitir que esto pase de nuevo.- negó y se cruzó de brazos, serio. - Carina yo te entiendo, entiendo que no me hayas creído en su momento, entiendo que estés sensible o de mal humor, entiendo todo. Pero me dolió mucho que no me creyeras después de que te expliqué todo, me dolió tu desconfianza.
- No sé qué otra cosa decir más que perdón.- rió nerviosa, y las lagrimas empezaron a salir.
- Te perdono, ya está.
- ¿No me vas a...- dejó la pregunta en el aire.
- ¿Qué?
- ¿No me vas a pedir que vuelva?
- Creo que esa decisión es más bien tuya. Yo ya me cansé de ir a buscarte, de rogarte que vuelvas. Carina no puedo ser siempre yo el que pelea por lo nuestro. Si vos no luchas yo no...- también dejó las palabras en el aire. Recién cuando dijo eso se dio cuenta de todo: no iba a rogarle no por su rechazo, sino porque si ella no quería, él tampoco.
- Si yo dejara de luchar, ¿vos no seguirías luchando?- preguntó dolida. Sebastián negó.
- Sería inútil.- se encogió en hombros. Ella cerró los ojos, dejando caer más lagrimas. - Si dejaras de luchar, sería porque me dajaste de amar. El amor es de a dos, si soy sólo yo el que ama y lucha es obvio que voy a ser sólo yo el que salga lastimado, con el corazón roto, y no podría soportarlo, no otra vez. Además, si me dejaras de amar y yo lucho para que sigamos juntos, vos no serías feliz, no serías feliz al lado de alguien que no amas, y yo no podría, no puedo permitirme eso. Si algún día me dejas de amar, me gustaría que me lo dijeras y tomes la iniciativa de pedirme el divorcio.
- ¿No me pedirías que me quede?, ¿no me pedirías que no te deje?
- Por más que me dolería si me dejas, no, no lo haría. Carina creo que si algún día me dejas de amar, yo no podría hacer que me ames de nuevo. Si no puedo enamorarte cada día yo no quiero.- negó. - Si ya no me amaras, no serías feliz al lado mío, y yo no puedo permitir eso. Me importa más tu felicidad que la mía, que mi corazón y mis sentimientos, y mi vida entera. Si tuviera que dejarte ir para que seas feliz, lo haría sin dudarlo.- Carina no podía creer que la amara tanto, y no podía creer lo tonta que fue.
- Te amo, perdón por todo.- sollozó. - No creo dejarte de amar, nunca. Te prometo luchar siempre esta vez.
- Siento que esa promesa la escuché antes.- no quería hacerla sentir mal, eso le estaba haciendo mal a él mismo.
- Sebastián, esta fue una pelea de días, no como aquella. Sé que vamos a salir adelante como siempre, juntos.- él negó.
- No dudo en que vamos a salir adelante, y a estas alturas pienso que esta es la última vez que hacés algo como esto.- Carina asintió. - Pero...
- Perdón.- negó llorando aún más. Sabía lo que él iba a decir, se terminó, y todo por su culpa.
- Por ahora creo que estamos mejor así.- ella asintió, apretando los dientes. - No llores, por favor.
- Es que... Te amo.- sonrió forzosamente, y eso lo mató. Se acercó rápidamente y como pudo la abrazó.
- Lo hago por nosotros, creo que esta distancia nos va a ayudar. Bonita vamos a volver a estar juntos, te lo juro.- ella asintió y lo miró.
- Yo también pensaba eso, creo lo mismo, sólo que necesitaba venir y pedirte perdón, no podía esperar más.- él secó sus lagrimas, evitando las suyas. - Respeto tu decisión, y...- tomó aire para poder seguir hablando y no volver a llorar. - Sólo te digo que cuando quieras que vuelva, sólo tenés que decirlo. Vos decidís ahora.
- Gracias por entender.- no sabía qué más decir. - Te amo.- y la volvió a abrazar. Carina cerró los ojos con fuerza, volviendo a llorar. Por más que él haya jurado que volverían a estar juntos, sentía que lo perdía. Le dolía, le dolía muchísimo, pero intentaría no mostrarlo. De repente inhaló bruscamente, alejándose de él. - ¿Qué?- preguntó preocupado.
- Esta vez no empezaron despacito.- rió tocándose la panza. Sebastián se agachó.
- A ver, ¿qué pasa, eh?, despacio, calmense.- pidió divertido. Él le hablaba a sus hijos, y ella lo miraba con una sonrisa, mientras se secaba las lagrimas. Le pareció bien eso, ella no quería dejar la casa de su madre todavía, pero el miedo a perderlo seguía ahí.

***

- ¿Y cómo están?- preguntó sonriendo.
- Bien.- dijo Carina.
- Nerviosos, ansiosos, emocionados, muy.- ella lo interrumpió repitiendo...
- Bien.- la doctora rió.
- Sabes lo que tenés que hacer.- Carina se sentó.
- Creo que nunca me voy a acostumbrar a esto.- dijo cuando sintió el gel frío en el vientre. Sebastián y la doctora rieron.
- ¿Ya vamos a saber los sexos?- preguntó él.
- Si se dejan ver.- rió.
- Se tienen que ver, hoy no dejaron de moverse.
- ¿Sí?, ¿se mueven mucho?
- Son muy inquietos.- dijo Sebastián, riendo. - Encima son dos, nos van a volver locos.
- Ahí están.- señaló sonriendo.
- Hey, hola.- saludó a la pantalla emocionado y Carina rió. - Decime que nos vas a decir qué son, por favor, necesito saber.
- Estabas ansioso en serio, eh.- dijo divertida. - A ver... Por acá tenemos a una beba.- sonrió y señaló la pantalla con su mano libre. Ellos se miraron y sonrieron también.
- Te dije que iban a ser nenas.- le dijo riendo, con lagrimas en sus ojos.
- Yo quiero un nene.- dijo llorando de alegría también. - Decime que es nene, por favor.
- Nena.
- Nene.- lo miró seria.
- Nena.
- Una nena y un nene, ¿para qué querés dos nenas? con una te alcanza.
- ¿Para qué querés nene? Te juro que si es nene, apenas nazcan buscamos otra nena.- ella rió y le secó las lagrimas.
- Como digas.- negó poniendo los ojos en blanco. La doctora reía.
- ¿Quieren saber o no?
- ¡Sí!- Carina se adelantó y miró la pantalla.
- ¡Es un nene, es un nene!- festejó más que emocionada.
- ¿Qué?, pero si ella no dijo nada.- dijo serio. Carina señaló algo en el monitor y Sebastián levantó las cejas. - Oh, va a ser poderoso como el padre.- bromeó y ella le pegó en el hombro. - Te amo.- dijo riendo, con lagrimas en los ojos al igual que ella.
- Yo te amo, mi amor.- sonrió. Él se acercó y sin más unió sus labios. Carina se sorprendió, pero respondió enseguida. No fue un beso largo, pero fue suficiente como para dejarla tranquila; ese beso le dijo todo, no lo perdería nunca.

 Cuando salieron de ahí y subieron al auto, le dijeron a Juan.
- ¡Un nene y una nena!- al unisono. - Hey, yo le quería decir.- se quejaron mirando al otro "enojados"
- ¡Sebastián!
- ¡Carina!
- Los felicito.- rió Juan.
- Gracias.- dijeron otra vez juntos. - Dejá de copiarme.- y rieron.
- Ahora que ya sabemos qué van a ser, hay que decidir los nombres. ¿Te parece que sean Pía y Ángel?.
- No, yo quiero que el varón se llame Polo, todo bien con Pía, pero el varón es Polo.
- Yo no quiero que se llame así. Vos elegís el de mi nena, y yo el de tu nene. ¿Helena y Ángel?.
- Vos no querías nene, y vos lo dijiste, mi nene, así que yo elijo su nombre. Pía y Polo.
- Piedra, papel o tijera.- dijo negándose a perder. Cuando perdió, se cruzó de brazos como nene enojado.
- Aceptalo, perdiste.- se burlaba. - Así que... Pía, y Polo.- sonrió tocándose la panza.
- Sí, Pía y Polo.- puso los ojos en blanco. - Se me hace que tu nene no me va a caer bien.- miró a otro lado.
- Ya lo amas, callate.- rió. Sebastián miró a Juan, y se acercó a Carina.
- Cuando nazcan te voy a hacer quintillizos y yo voy a elegir el nombre de los cinco, ¿okey?- susurró. Ella asintió riendo. - Y después de esos te voy a hacer otros cinco y también voy a elegir sus nombres.- se cruzó de brazos otra vez.
- Como digas.- apoyó la cabeza en su hombro, sin dejar de sonreír.

Al llegar a su casa, le pidió que se quede.
- Un rato.- aclaró enseguida. Lo que más quería era que se quede y ya, pero no sabía porqué seguía con eso.
- Okey.- asintió y entró con él. - Tenés que ponerte la crema esa en las heridas, Chucky.- él se detuvo.
- ¿Cómo me dijiste?
- Chucky.- rió dejando su cartera en el sofá. Sebastián frunció el ceño. - Chucky, el personaje de.
- Sí, sí, ya sé quién es.- la interrumpió. - Yo no tengo la cara así, ¿o sí?
- No.- negó. - Obvio que no, pff, para nada.- él entrecerró los ojos.
- Mejor voy a buscar la crema.
- Mejor, Chucky.- empezó a reír tentada. Cuando él volvió le dio la crema. - ¿Qué querés que haga con esto?
- ¿Me la pones vos, por favor?- sonrió. - A la crema.
- Sí, obvio, a la crema.- se aguantó la risa. Se sentaron en el sofá.
- Poné un poquito en cada cortada que veas, tengo algunas en el cuello también.
- ¿Cómo es que te cortaste tanto?- mirándolo bien primero.
- Cuando choqué con el árbol, cayó una rama que rompió el vidrio. Fueron las ramas y el vidrio. Dijeron que pudo ser peor, por suerte tenía el cinturón.- ella suspiró aliviada de que no haya sido grave. Empezó a ponerle crema despacito.
- ¿No te duele ni te arde?- atenta a lo que estaba haciendo.
- No. Son como rasguños nada más.- algo la desconsentró, y maldijo por eso.
- ¿Cuando te pusiste perfume no te ardió?- estaba muy cerca, sino le hubiera puesto esa crema, no se hubiera resistido a besarle el cuello. Ese perfume la estaba distrayendo mucho.
- Le puse el perfume a la remera.- rió.
- O sea que si te sacas... Si te sacas la...- empezaba a tartamudear y eso le sorprendió a los dos. - Si te sacas la remera el perfume se va, no queremos que el perfume se vaya.- negó y cerró los ojos un segundo. Sebastián se aguantó la risa. Cuando terminó con el cuello, siguió por la cara. - No tenés muchas, Chucky.
- Entonces deja de decirme así.- se quejó. Ella se acercó mucho para cubrir la última.
- A esta la tenés justo al costado del labio.- soltó el aire. No quería desviar la mirada a sus ojos. Él suspiró. Sus respiraciones chocaban, y ninguno se miraba a los ojos. Carina no sacaba la vista de aquella herida, y él no dejaba de ver su boca.
- Carina.
- ¿Qué?- al fin lo miró.
- Volvé.- susurró. Ella le sonrió y asintió.




Continuará...

Si creen como yo que el capitulo fue una mierda culpen a Julieta, ella quería que se reconcilien pronto. Asi que la culpan a ella ahre. Dedicado a vos Juli <3 JAJAJA